Consigue un vestido

Consigue un vestido.
Cierra los ojos.
Abre tu seca alma.
Muéstrame los dientes.
No reveles tus intenciones.
Calma, mujer.
No nacimos para esto.
Eres el arma que esconderás.
La mano que vigilas.
Los pliegos que te doblan.
Eres el agua que no bebes.
Eres el calor lento de la tarde.
Tráfico.
Tráfico.
Tráfico.
Bochorno de espalda.
Danza de moscas en celo.
Tambor constante.
Gota que perfora la piedra.
Cable electrificado.
Tu saliva se traduce en letras.
No eres dueña de tu sangre.
Cierra los ojos.
Que la luz te traspase.
Luz de costado, de lanza.
De panza iluminada por dentro.
Pambazo inagotable,
no quiero que se caigan tus lechugas.
La crema y la salsa mojan el pan.
Comulguemos, amor, comulguemos.
Cuerpo de crucifijos.
Cristo no es un cadáver exquisito.
Contigo todo es ritual.
Desde mirarte, hasta ver como te alejas hacia enfrente.

Guardado en Colaboraciones

Viajero en búsqueda de la aventura que no existe, acampa en desiertos, bosques y selvas. Recorre por las noches las letras de su antigua máquina de escribir para descubrir las narraciones que le son reveladas en el humo que emana de sus cigarros. Lector ávido de un argentino llamado Julio que le ha otorgado el delirio de soñar sobre papel, seguidor de un gringo de nombre Ernest al cual imita en su sed etílica para mostrar la realidad. Poeta de narraciones cotidianas que hace mágicos los objetos con los que convivimos a diario. Conservador de la antigua tradición de narrar lo que le acontece en su día a día sin más afán que el de seguir contando historias. Todo ello se amalgama para crear en su espíritu a un escritor que quiere hacer verosímil lo absurdo del mundo.