Carta de un regalo

Aún tengo el regalo que era para vos de hace dos años, está ahí en mi closet, acumulando pensamientos en tu nombre. Está en la parte de arriba, junto con otros cd’s, no lo he abierto ni escuchado porque lo tengo en Spotify.

Tenía una carta (creo), de la que no recuerdo nada, quizás era un poema de algún poeta sacado de los rincones del Internet, o un fragmento de una canción de esas que podrían gustarte o no.

Muchas veces pensé en llevarlo hasta tu apartamento y dejarlo en portería, pero luego llovía en la ciudad o en mi cabeza y se fue aplazando. Otras veces pensé en enviártelo por correo como hice con ese otro regalo que quizás ya botaste, entonces me daba cuenta que el correo queda exactamente a la misma distancia que tu casa, caminar ese trayecto era infernal para mi corazón, que de piernas no sabe.

También se me pasó la idea de hacerlo llegar por nuestra amiga en común, pero ella nunca estuvo de acuerdo en vernos juntos y podía quedarse con él o simplemente olvidar entregártelo. Como si un regalo fuera a cambiar el pasado, como si un acto tan insulso como entregar un objeto material fuese suficiente para hacer que un corazón mire a otro.

La verdad, es que no te he entregado tu regalo porque ya no importa, porque no te importa.

Todos los días lo veo, así que pienso en él y en vos, aunque claro, para pensar en vos sólo necesito existir. Mientras que allá, en lo lejano de las 4 calles que nos separan estás vos, pensando en él, ellos, aquellos, algunos. Pero no te culpo, eso sucede cuando sigues con la vida y experimentas todo lo que ella te propone.

Pero ya no importa el regalo, porque ya no importo, porque vos te fuiste de la fiesta y yo me quedé recogiendo el confeti del suelo. Te fuiste con justa razón, nunca he sido una buena persona y quienes me rodean viven soportando todo tipo de situaciones desfavorables, irse de mí es lo más inteligente que la gente hace, pero no significa que no duela.

El problema es que sigo siendo el que espera, porque eso soy y nada lo puede cambiar; el que espera un abrazo, una llamada, un mensaje informándome que todo esto no ha sido más que una versión real de hang the Dj, pero que se acerca al final, que aún tengo esperanza.

Nadie entiende lo triste de la esperanza del que espera.

Claro que no he estado quieto esperándote; pasé de ser cliente fiel de lupanares hasta ser un novio fiel, leal y comprometido, de esos que salen en la foto familiar, así como lo fue tu chico con vos. Pasé la etapa de exploración corporal de diferentes ombligos y conocí gente con el corazón perforado como tiquete de parque de diversiones, otros que llevan una perforadora por labios y bailan como los dioses a la salsa.

Sé de tu vida porque me la cuentan una vez a la semana sin pedirlo, sé que una vez me extrañaste pero que ya pasó, sé que fuiste feliz.

Si hubiese algo que te hiciera estar aquí conmigo, lo haría, pero eso no es más que las elucubraciones de un tipo que aún no supera una pérdida y se aferra a un par de objetos para sustentar lo que imagina.

Por eso he decido darte el regalo que llevo guardando durante dos años y medio, porque me he dicho que debo olvidarte, que debo hacer y ser como vos y seguir adelante, especialmente por tu bien, para que no tengas que leerme más. Para dejar de escribirme pensando que te escribo, para ver si borro las fotos tuyas de mi memoria (como vos lo hiciste) e intento crear nuevas.

He decidido darte tu regalo de cumpleaños, pero debo confesarte que aún tengo guardado tu regalo de navidad, de ese nunca sabrás.

Fotografía: Clothilde Pasquier