Calma chicha

He perdido ya, varios horizontes.
Pero mi faro sigue buscándola.
Que se sacien de mar las cubiertas de los barcos.
Que se impregnen de sal, las anclas y ataduras.
Que se inflen de días, las soberbias velas.
Que se pudran de hastío los postes de los muelles.
Que se canse la arena de tantas olas.
Que se cansen las olas de tanta arena.
Que se agote el mar. Que se termine.
Que se seque el cielo, que se desplomen los nidos.
Que encallen las quillas. Que floten boca arriba todos los peces.
Que pierdan la cola las sirenas. Y se desangren en silencio.
Que no queden de los mástiles, mas que astillas.
Y de las velas, jirones sacudidos.
Que queden chicotes y cabos serpenteantes, de lo que
antes fueron amarras, brazos y cadenas.
Que se derrumbe todo, que se pierda.
Que se abra un gran boquete en el océano.
Que se pierda todo, hasta la vista.
Y abandonar tu risa y la esperanza.

Fotografía: Quentin.Ø’Malley

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Viajero en búsqueda de la aventura que no existe, acampa en desiertos, bosques y selvas. Recorre por las noches las letras de su antigua máquina de escribir para descubrir las narraciones que le son reveladas en el humo que emana de sus cigarros. Lector ávido de un argentino llamado Julio que le ha otorgado el delirio de soñar sobre papel, seguidor de un gringo de nombre Ernest al cual imita en su sed etílica para mostrar la realidad. Poeta de narraciones cotidianas que hace mágicos los objetos con los que convivimos a diario. Conservador de la antigua tradición de narrar lo que le acontece en su día a día sin más afán que el de seguir contando historias. Todo ello se amalgama para crear en su espíritu a un escritor que quiere hacer verosímil lo absurdo del mundo.