Anatomía de un suicida

Me desintegro cada que pienso en ti, cada que en mis parpados se acurruque tu recuerdo y de gritos en mis tímpanos diciéndome que tú ya no te acuerdas de mi.
La monotonía se envuelve entre mi piel, que poco a poco se va apaciguando en mis neuronas. Mi columna se envuelve en llamas, hirviendo mi cerebro con tu tan incitante olor, que en mis pulmones se va comprimiendo hasta volverme un maldito adicto. En mi corazón y cada una de mis arterias corre tu esencia fluyendo por cada espacio de mi anatomía, llevándome al infierno y al paraíso en un par de segundos. Mis alas como Ícaro han caído envuelta en llamas, has llevado a este soñador al mismo inframundo, has convertido cada uno de mis placeres en delirios y has fragmentado cada uno de mis huesos hasta convertirlos en polvo y sean inhalados por esos íncubos que tanto nos aterran. Mi sistema digestivo se va nutriendo con el vacío que has dejado en mí ser, nutriéndose de las promesas falsas y tu extrañable tacto. Mis piernas tambaleantes ya sin fuerza no pueden ni quieres seguir cargando con tu recuerdo, buscan la manera de continuar y sin embargo tú te aferras a mi espalda y debo de cargar contigo aun cuando a cada segundo te vas alejando más de mí. Mis brazos escuálidos simplemente vienen arrastrando consigo tu hermoso cabello, ese que tanto cuidabas y que tanto me gustaba acariciar. Mis labios pálidos buscan hidratarse con tu frente, besándola para llenarse de vida de nuevo. Por ultimo mis ojos almendrados, que como una poza se inundan cada que alguien menciona tu nombre, y cada que tú apareces en mis neuronas.

Fotografía por: Can Dagarslani

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Perpetuo, inefable y efímero individuo. Lo se, siempre contradigo mis aspectos, pero me gusta ser así.