Algunas noches en mi cama

Viéndola con sus pies levantados, apoyados al marco de la ventana le digo que esta hermosa. Ella sonríe, mueve los delicados dedos de sus pies como si jugara con ellos y me regala una sonrisa coqueta. Sus dedos, sensualmente pintados de un rojo carmesí que resalta su piel morena generan un efecto hipnótico en mi. Durante esos pequeños segundos que mueve sus dedos de forma juguetona, pienso en lo pequeños que son, y lo delicado que se sienten al tacto. Por unos segundos, sus pies lo son todo.

Sus estadías en mi cama (mi vida) son esporádicas, como un reflejo de sus impulsos y deseos. Siempre estamos cerca, pero casi nunca estamos juntos, así que mi alma paciente ha desarrollado la maravillosa cualidad de esperarla, aquellos días que su libido (sus ganas de verme) suelen ser incluso superiores a las mías, y por lo general terminamos aquí, en mi cama (mi vida) hablando de todo, amándonos del todo.

La principal característica de la vida es que esta llena de matices, y todos se nos van apareciendo de a poco. Esa mujer acostada a mi lado, ahora dormida plácidamente mientras voy recorriendo con la yema de mis dedos su cuerpo representa para mi la felicidad. Pero es una felicidad en gotas (en momentos), como si la vida hubiese decidido racionar el cariño, el placer y la felicidad, quizás porque sienta que un exceso de su presencia en mis días termine agotando esta legitima fascinación que tengo por ella. Quizás sea que no me la merezca siempre, y que me toca aceptar que solo a veces sera mía, y que el resto del tiempo sera muy suya, tocándome a mi respetarlo, y por sobre todas las cosas, sentirme feliz por eso.

Mientras duerme, voy besando sutilmente el cuello, embriagándome con su olor, un olor que desde la primera vez que me acerque a su nuca me ha hecho su yonkie. Es difícil definir exactamente como huele, como una mezcla de perfume frutal y sudor, que van de la mano con ese olor de hembra, sus feromonas, que sin ser un experto en el tema puedo insinuar asumir que es el toque final para que siempre sienta la necesidad de absorber su delicioso aroma, como intentando que mi mente se grabe completamente su esencia, para poder recordarla en lejanía. Ella suele bromear, comparándome con el personaje de la novela El Perfume. Yo suelo darle la razón, de una forma menos obsesiva tengo mucho de el. Adoro su olor.

Si son los momentos mas especiales los que mas recordamos, y las cosas mas placenteras las que solemos reproducir en nuestros sueños mas seguido como películas personales de nuestras vidas, mis momentos con ella podrían servir para crear varias películas. Ella por lo general no lo nota del todo, pero siempre que esta a mi lado, mi mente trabaja al doble para dejar los recuerdos marcados por siempre (por mucho tiempo) en mi memoria. Podría decirse que es una respuesta inconsciente mía, de miedo por no poder vivir esos momentos mas, y que busca al menos dejar constancia en el archivo de mi mente que en realidad ocurrieron. Sin embargo me gusta enfocar el asunto desde la perspectiva optimista, y he decidido reconocer que la verdadera razón por la cual no puedo olvidarla es porque nunca me he propuesto hacerlo. Hay personas que se instalan en nuestras mentes e incluso las pequeñas cosas que hacen o dicen nos dejan un efecto en nosotros. Y por lo general queremos mucho (muchísimo) a quienes logran eso en nosotros. Ella duerme, y no sabe que la adoro y la recuerdo mientras la voy pensando. No le pienso decir eso, sin embargo estoy seguro que ella si lo quiere terminara dándose cuenta.

Despierta, me mira, y nos amamos. O nos damos placer, que a estas alturas es lo mismo. Y mi cuerpo es de ella, y su cuerpo es mio. Y la beso, la aprieto, la muerdo, la lamo, la hago sentir deseada , y dejo que mis labios y mis manos jueguen a ser conquistadores de sus ansias. Disfruto cada pulsación y cada gemido, sintiendo como todo se desarrolla de forma natural, dos almas cuyos cuerpos se conocen muy bien, pero que sin embargo se exploran como si fuera la primera vez. El ardor del deseo se intensifica y mi sexo entra en su sexo, y bailamos las danzas del placer, como dos amantes que se mueven al ritmo de las mas excitantes melodías. La quiero, la amo, la deseo, la necesito, la gozo y la vivo. Uno nunca esta del todo vivo en este mundo hasta que sientes el calor de tu cuerpo hacerse uno con el calor de alguien mas. Especialmente si ese «alguien mas» es una persona especial, de esas que pasamos la vida buscando, pero casi nunca podemos encontrar. Coger es vivir se podría decir, aunque coger se puede hacer con cualquiera. Con ella hago el amor.

Ya extasiados, desfrutando de ese momento donde las ganas dan paso a la apacible felicidad del dos cuerpos satisfechos, observo su fino y delicado cuerpo y pienso que seria una buena idea escribir un poema acerca de ella. No soy poeta, y mi intentos de poesía suelen resultar bastante mediocres, pero viendo la curva de su cintura; su hermoso trasero que se ve firme e insinuante cada vez que su cuerpo se ladea; sus pequeños pero juguetones senos, que tienen la proporción justa para volverlo loco a uno; sus labios engañosamente finos, pero que al besar se sienten tiernos y abundantes; su abdomen firme y terso, coronado con un tierno y pícaro ombligo; sus piernas, un poco mas blancas que el resto de su cuerpo, sintiéndose como seda al tocarlas y que están perfectamente definidas, y su sexo, siempre húmedo, jugoso y adictivo, tan lleno de una presencia que se eleva como la principal joya de su cuerpo. Viéndola toda, es imposible no perderse en cada parte de ella. Es perfecta, y no puedo dejar de recordarlo.

Pero llega el momento de irse y vuelvo a quedar con este pequeño vacío que suele apoderarse de mi cuando la veo partir. Nunca sera del todo mía, porque es de esas mujeres que jamas serán de nadie mas sino suyas, porque saben que no necesitan de una «media naranja» para sentirse completas en sus vidas. Pero no puedo dejar de pensarla y sentir que hay algo de mi en ella, una semilla que contiene recuerdos, sensaciones, ideas, palabras y actos que la hacen sentir abrigada de mi cariño y le recuerdan, en esas noches tranquilas cuando le da por pensar de todo, que existo, que me tiene, y que hay alguien que la adora.

Quererla, extrañarla y escribir. Así suelen ser mis noches de insomnio, cuando dejo que mi mente divague y no la ocupo con entretenimientos simples como la TV y la computadora, o no la alimento para hacerla mas fuerte, leyendo y aprendiendo. Pero son en noches como estas, donde la quiero más, la extraño como siempre y escribo sobre ella como de costumbre, porque son noches que me agradan, pues no tengo ningún problema con que mi mente divague, porque siempre que dejo mi mente libre me lleva a ella, y es con ella con quien quiero estar.

Fotografía: Ye Fei